miércoles, 30 de marzo de 2016

PARA ÁFRICA


Quiero dedicarle mi entrada de hoy a la persona que más quiero en vida. Ella lo es todo para mí.
                                                                           ¡MI HERMANA!
África es mi hermana melliza. Sí, melliza, no gemela. Una melliza es esa persona que comparte un espacio contigo en el interior de tu madre. Es especial porque naces separadas por bolsas. No puedes tocarla ni mirarla. Estáis dentro del mismo sitio y muy juntas pero separadas para la bolsa de casa una. Es cuando naces cuando pones rostro a esa persona. Pienso que es algo que hace más especial a una melliza que a una gemela. Ellas nacen en el mismo sitio, muy juntas, y ahí pueden empezar los problemas y las riñas entre ellas. Por nuestra parte no. Cada una su espacio pero juntas.

Lo que más me gusta de ser melliza es que tienes una hermana de tu misma edad con la que compartir y vivir cosas pero que no se parece a ti. África es como mi padre y yo como mi madre, a nivel físico. En cuanto a la forma de ser, tenemos una mezcla. Yo soy muy aventurera y echada para delante, me busco la vida. Ella va un paso por detrás. Las dos somos inseguras pero muy cariñosas y afectivas. Nos entregamos mucho a la gente. Y, lo más importante, no podemos vivir la una sin la otra. Hasta cuando discutimos se nota lo que nos queremos. Eso es lo más especial de todo.

Si nos vieran por la calle no se imaginarían que fuéramos hermanas. ¡Miento! Por experiencia con amigos de amigos o conocidos, parecemos hermanas. Eso sí, cuando dices la palabra “mellizas” ya ese parecido desaparece y no lo ven. Cosas de la vida. Para mucha gente yo era la hermana mayor. Puede ser porque siempre he sido más grande que ella físicamente.

Somos solamente las dos. No me imagino tener otro hermano o hermana. Con nosotras basta. Bastante guerra hemos dado durante 28 años. Mis padres siempre nos cuentan la cara que se les quedó cuando el médico les dijo que traían dos. Por aquellos años mantener a dos bebes de tirón para unos padres primerizos y de clase media era algo difícil. Pero ellos tomaron fuerza y aquí estamos.
Crecimos en el barrio donde crecieron y se conocieron mis padres. Allí es donde te conoce todo el mundo. Saben de quien eres hija aunque no tengas ni idea de quién es la persona que te lo dice. Pero es normal. Hasta hace poco mis padres siempre han vivido en la misma zona, que no casa.

Hace 6 años que nos fuimos de allí. He de reconocer que se me hizo tan difícil. Jamás me hubiera imaginado que saldría de allí. Si me preguntaras hace 6 años me verías llorando y diciendo “¡Volveré!”. Ahora no me importa vivir en otro lado. Recuerdo que no dejaba de llorar. Sí, con 22 años, soy muy sentimental. Veía que mi vida empezaba a cambiar.
Hasta los 19-20 años era una persona supertimida. Iba en el grupo con mis amigas pasando desapercibida, sin hablar apenas. Ahora no me callo. Siempre he tenido complejos de mi hermana. Ella es tan estupenda. Yo la veía tan fuerte, echada para delante, se comía el mundo, mis amigas la adoraban y tenía a los chicos locos. Yo en cambio estaba detrás, en las sombras. Esos chicos que a mí me gustaban les volvían locos mi hermana. Pero ella me quiere tanto, y somos tan diferentes, que esos no le gustaban a ella y jamás (pongo la mano en el fuego) me haría algo así. Si fuéramos gemelas seria duro ser dos personas iguales físicamente y que guste más una que otra ¿verdad?

Pienso que pasé esos años gracias a ella. Cuando me rompieron el corazón, ella siempre me ha apoyado. Cada lágrima, ella me ha consolado. Seguro que esa fuerza me la ha transmitido y ahora he cambiado. Si no la tuviera a mi lado no sé cómo habría sido mi vida.

Cada año que pasa me da miedo pensar que llegue ese día en el que cada una siga su camino, algo que con 28 años está cerca. Pero es Ley de Vida y tiene que pasar. Eso sí, nada ni nadie nos podrán separar. Ella es mi dos, mi vida. Somos un dúo. LA QUIERO POR ENCIMA DE TODO.

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