miércoles, 6 de abril de 2016

ESCONDEMOS SONRISAS


Hoy quiero hablaros de algo que me hace muy feliz y no creo que sea la única. ¡¡ME ENCANTA SACAR SONRISAS!! También que me las saquen.

Pero no valen todas las sonrisas. Yo me refiero a esas en las que se esconde algo detrás de la que se dibuja en la cara. Podría decirse que existen varios tipos: abiertas, tímidas, forzadas, comprometidas, sugerentes,…. ¿Qué cómo son? Pues te lo voy a explicar:

-La sonrisa tímida es esa que aparece en el rostro de una persona seguida de un breve movimiento de la cabeza hacia un lado. Suele recaer más sobre el derecho. No suelen dejarse ver nunca los dientes. Siempre esconden algo, suele ser deseo por alguien, en especial para quien va dirigida. Los ojos ayudan mucho.


 -Las sonrisas abiertas son aquellas que si muestran dientes, desde una pequeña parte hasta toda la dentadura. Estas suelen ser de felicidad total. Máxima expresión de felicidad. Salen de forma natural


-La sonrisa forzada es aquella que ponemos cuando algo no tiene ni pizca de gracia pero no queremos parecer de otro planeta. Se diferencia de la comprometida porque aquí si conocemos a la persona y, por confianza, sonreímos aunque realmente no lo queramos. No es normal que acompañen a la sonrisa los dientes. Incluso se podría decir que no es de esas que van de oreja a oreja, al contrario, es plana. Estaría entre sonrisa y no.

-Las sonrisas sugerentes tiene un objetivo clave: gustar a alguien. Esas sonrisas son perfecta, bonitas y cuidadas. Para poner un ejemplo sería esa que usamos cuando nos van a hacer una foto, la que nos queda bien. En este caso queremos gustar a la cámara para vernos guapas y guapos. Luego parece que salimos igual en todas las fotos….


Todos escondemos más de una sonrisa. Lo bonito es que tengamos una sonrisa para cada momento. En una película que ví hace tiempo en la que una chica ganaba un concurso para cenar con un famoso con el cual luego tiene varias citas, sale. Según el chico que estaba enamorado de ella tenía 10, entre ellas de felicidad y la de compromiso.

Yo soy muy seguidora de la tímida. Me encanta esconder algo y a la vez no me gusta enseñar los dientes. Y si, ladeo la cabeza, hacia la derecha claro. Me encantan esos momentos. Pero también tengo una sonrisa forzada, otra de compromiso,…., ¡¡MUCHOS TIPOS!!


martes, 5 de abril de 2016

¿SOBRE MI? ESTO


Hoy quiero hacer un test sobre mí, para los que no sabéis mucho, o nada, de mí.

1. ¿Qué superpoder tendrías?

Me gustaría volar. Así me resultaría más fácil viajar.

2. Si sólo pudieras tener un hobby, ¿cuál sería?

Bailar sin duda, ya sea bien o mal, no lo sé.

3. Entre ser la persona más atractiva del mundo pero también la más pobre, o la más rica pero más fea, ¿qué elegirías?

La más pobre y guapa.

4. ¿Cuál es tu palabra favorita?

“¿Sabes?”

5. ¿Cómo te describirías en 3 adjetivos?

Aventurera, charlatana y activa.

6. ¿Dónde serían tus vacaciones ideales?

En cualquier lugar de playa donde poder disfrutar de actividades acuáticas y bañarme con delfines.

7. ¿Cuál es tu refrán favorito?

Así das, así recibirás.

8. Si tuvieras que transformarte en uno de tus amigos, ¿quién sería y por qué?

Sería Carlos Jiménez, porque es una loco de la vida y no deja de viajar, y encima ahora está en Australia.

9. ¿Cuál era tu serie de dibujos animados favorita?

Chip y Chop Rescatadores.

10. Si pudieras comprar una sola cosa, la que fuera, ¿qué comprarías?

Una casa

11. ¿Qué 3 cosas aprecias más en una persona?

Sincera, autentica y cariñosa

12. Si pudieras aprender a hacer algo nuevo, ¿qué elegirías?

Navegar. ¿Ser capitán? Puede

13. ¿Cuál es el último libro que te has leído?

En los zapatos de Valeria.

14. Si pudieras ser un animal, ¿cuál serías?

Un delfín SIN DUDA

15. ¿Cómo tienes el maletero del coche?

Vacío y sucio.

16. ¿Eres de los que sacrificaría la vida de una persona para salvar a cien?

Depende de quién o quienes…

17. Si fueras un topping de pizza, ¿cuál te gustaría ser?

¡¡QUESO!!

18. ¿Cuál es la parte de tu cuerpo que más te gusta?

Mi espalda

19. ¿Cuál sería tu eslogan?

“Disfruta de la vida con la mejor compañía”

20. ¿Cuál es la mejor y peor cualidad de tu género y del contrario?

Mujeres: amar y comernos la cabeza.

Hombres: no darle mil vueltas a las cosas y ser independientes

21. ¿Cuál es el objeto más raro de tu habitación?

Una pesa en forma de estrella de un globo (de esas para que el globo no suba)

22. ¿Color favorito y por qué?

El azul, porque me recuerda a libertad, espacio, alegría, transparencia,…

23. ¿Qué canción te define?

Cuando estoy feliz cualquiera con ritmo. Ahora podría decir que “She looks so perfect” de 5SOS, no sé porque pero cuando la oigo me siento bien y me da fuerzas parar darme cuenta que valgo mucho.

24. ¿Cómo sorprenderías a tu pareja?

Viajando los dos para descubrir un lugar que siempre nos recuerde a nosotros, tipo “Juntos en París” jajajaj París no sería

25. ¿Alguna meta?

¡¡Muchas!! Tener metas te hace querer avanzar y cuando consigues una ir a por otra.

lunes, 4 de abril de 2016

EL TÉ DE LAS CINCO (3)


CAPITULO 3

Volveré a España

18- Julio- 2014


Londres, Londres, Londres. Es lo único que se me pasa por la cabeza. Creía que se me haría muy difícil dejar atrás Madrid e irme a vivir a un país extranjero y desconocido para mí. Hace un par de años que acabe mi carrera de Trabajo Social y, ante la escasez de trabajo en España, he decidido irme a aprender idiomas fuera, cosa que se ha puesto muy de moda entre los estudiantes.



-Ángela hija, date prisa o no llegaremos-grita mi madre desde el piso de abajo.



-¡Ya voy!-le contesto a mi madre desde mi habitación.


Ella lo esta pasando muy mal. A pesar de mis veintitrés años de edad sigo siendo como una niña para ella. Soy la mayor de tres hermanas. Sandra tiene dieciséis años y está empezando a entrar en la edad en la que te empieza a importar el aspecto y vistes a la moda, los chicos dejan de ser el enemigo por pasar a ser el novio, te vuelves más perezosa en clase,… Menudos recuerdos de esa época. Pero Sandra es una chica lista y sabrá tomar las riendas de su nueva vida como adolescente. Como su hermana mayor que soy me toca aguantarla más que nadie. No me gusta que me quite la ropa de mi armario. Por ello, discutimos mucho. Ahora se que voy a echar de menos esos momentos juntas en la cama hablando de chicos, bueno, de sus chicos.

Por su parte, Mónica tiene siete años. Es mi princesita. No quiere que me vaya a Londres. Siempre he cuidado de ellas, pero de Mónica de la que más. Voy a echar de menos las tardes de té en su habitación o las sesiones de estrafalario maquillaje.


Cuando estoy cerrando la maleta de mano veo encima de mi escritorio una foto de los cinco, de cuando papa se empeño en hacer senderismo por la sierra de Gredos y casi nos perdemos. Saco la fotografía del marco y la meto en el bolso. Una vez me aseguro de que lo tengo todo, cojo la maleta y mi aparatoso bolso y me decido a abandonar mi cuarto. Antes de salir por la puerta me giro para echar un vistazo a mi habitación. Todavía mantiene el color rosa pastel en las paredes que mi madre se empeño en colorear. Durante un año no volveré a dormir en mi mullida y amplia cama y no me levantaré molesta porque el hijo mayor de la casa de al lado pone a las nueve de la mañana de un sábado la música disco a tope. Pero lo he pensado mucho y no voy a echarme atrás. Soy una chica muy arriesgada, por lo que cojo una buena bocanada de aire, cuento hasta diez y me encamino escaleras abajo arrastrando mi última de mis dos maletas y la maletilla de mano.


En la puerta de entrada mi madre me espera con Mónica al lado.



-Venga hija, que no llegamos a coger el avión-dice nerviosa.


Salgo por la puerta y mi padre me recoge con una sonrisa la maleta y la mete en el maletero. Me subo en nuestro coche con mi bolso donde llevo el portátil. Sandra está con los auriculares puestos oyendo música. Mónica entra y se sienta a mi lado. Me mira con sus enormes ojos verdes. No me gusta que me mire así en estos momentos. Voy a estar lejos de ella un año y la voy a extrañar mucho. Es normal, es la primera vez que salgo de España y encima sola. ¡Qué ganas!



-Cinturones abrochados que nos vamos-interrumpe mis pensamientos mi padre.


Se que a él es al que más voy a extrañar. Es el hombre de la casa, y de mi vida. Es el mejor del mundo. Cuando les dije a mis padres que me quería ir un año a Londres a aprender inglés mi padre me comprendió, claro que tras pensarlo unos cuantos minutos tras otros de llorera donde sólo podía decir: “No, es mi niña y no”. Mi madre puso el grito en el cielo. Imaginaos que escena. Al final, ambos reflexionaron y luego me dieron su aprobación. Créanme, cuando les dije que me iba los ojos de mi madre, a la que todos consideramos la fuerte de la familia, mostraban pena. Sumadlos a los de mi padre como os he dicho. Soy su niña y ve como me alejo de su lado. Peor fue cuando le presente a mi primer novio, Aitor. Imaginar al típico macarrilla de dieciocho años y con los pantalones caídos dejando ver los calzoncillos. Creo que visitó mi casa ese día y no volvió a ver a mi padre. Hay momentos en los que  mi padre pone una mirada de sabueso que da realmente miedo. Nunca se lo pregunte a Aitor pero entendí que mi padre no dudo en ponerle ese cara.


Esos y muchos recuerdos más me acechan durante todo el camino hacia el aeropuerto: mis amigas, mi abuela, el sol de España, la comida,… Todo iba a ser diferente en unas cuantas horas y…. ¡tenía unas ganas! Aumentan cuando aparcamos en la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas. Mi madre nos mete prisa para bajar del coche porque cree que llegamos tarde. ¿Tarde? Si falta más de una hora para que mi vuelo salga.


A toda prisa recorremos los largos pasillo del aeropuerto en dirección al mostrador por donde me toca embarcar. Allí, una amable recepcionista me entrega mi billete, etiqueta mis maletas y las coloca en la cinta para que las lleven a mi vuelo. En mi poder me dejan llevar el bolso, donde llevo el portátil y la maletilla de mano. Antes de entrar en la zona de embarque, me voy con mis padres a una cafetería cerca de la zona. Mi padre se pide su típico café: con mucha espuma. ¡Mmm..., que bien huele! Ese olor me trae muchos recuerdos a la mente: domingos por la mañana en la cocina cuando mi padre no trabaja y decidimos irnos de paseo ya sea a la montaña o al centro. Mi madre, por el contrario, se pide una tila. Si, para calmar los nervios. Quedan menos de diez minutos para que cruce el detector de metales y alejarme un año de ellos. Es normal aunque intente hacerse la fuerte. La tila la delata. Sandra y yo nos tomamos un refresco y Mónica un zumo. Parecen tranquilas.



-Bueno, esta es la última vez que estaremos juntos hasta dentro de un año-dice mi nerviosa mi madre.- Aunque sabes Ángela que te puedes venir cuando quieras, no tienes porque estar allí todo el año.



-No te preocupes mamá, que si fuera así no lo dudaría-digo para que se calme- Además, pronto vendréis a verme.



-Ten cuidado con las maletas. Aterrizaras en el aeropuerto de Heathrow a la una de la tarde. Luego quiero que te cojas un taxi y directa al piso. Una vez allí quiero que nos llames, calculo que sobre las dos ¿oído?-dice mi padre.


Asiento con la cabeza y me tomo el último sorbo de mi Coca Cola. A los posos minutos nos levantamos y nos dirigimos a la zona de embarque. Allí me despido de mi familia, uno por uno. Primero cojo a mi hermana Mónica en brazos y le doy miles de besos. Mi hermana Sandra se avalancha sobre mi y me abraza muy fuerte. Mi madre aguanta las lágrimas que empiezan a brotar por sus mejillas pero cuando me abraza me llena de besos la cara y me dice que me quiere miles de veces. A escondidas de mi padre me mete más dinero en el bolsillo de la cazadora. Mi padre es el último. Él si que contiene las lágrimas pero tiene ojos vidriosos. Me abraza y me dice al odio que me quiere, que me va a extrañar mucho y que en breves me harán una visita y me llevarán cosas de comer. Eso se que lo agradeceré de verdad: jamón serrano, chorizo, lomo,…


Me dirijo hacia el detector de metales. Siempre me han aterrorizado esos chismes. Lleves lo que lleves siempre pita y aunque vayas preparada siempre temes a que pite y todo el mundo te mire como si llevaras algo malo. Son un sin vivir pero esta vez voy preparadísima no como cuando fuimos a aquel museo que llevaba un pantalón con chapas y, como no dejaba de pitar, me metieron en una sala. Antes de cruzar me mira el de seguridad y me da una cesta para dejar las cosas metálicas. Cojo la cesta sonriéndole y dejo todo lo que llevo y cruzo el detector sin pitar. Lo bien que se siente uno cuando no suena se refleja en la cara de alegría que se pone. Cuando estoy recogiendo mis cosas del cesto miro hacia atrás. Allí está mi familia diciéndome adiós con la mano y llorando. ¡Qué estampa! Les digo adiós, les sonrío y me dirijo a mi destino. Londres, prepárate que… ¡allá voy!.