CAPITULO
2
Adiós
Texas
17-
Julio- 2014
En unas horas
estaré volando a Londres. Creía que este día nunca llegaría, pero… ¡Ha llegado!
-Tranquilo Alex, tú puedes- me digo a mi mismo tomando aire.
Es algo que no
puedo remediar. Si, tengo miedo a las alturas y las vistas que tengo delante de
mí no ayudan. Ver aviones despegar y aterrizar cuando en un rato estarás en uno
de ellos…. ¡Uy!
Estoy sentado
en una amplia hilera de sillas del aeropuerto de la ciudad de Nueva York.
¿Menuda ciudad, eh? Hace unas horas que dejé atrás la estación de trenes de Lubbock,
Texas, lugar donde nací, para dirigirme a estudiar derecho a Londres. Si, dejó
mis amados Estados Unidos para adentrarme en la tradicional Inglaterra.
Llevo años
trabajando en la granja de mi padre para ahorrar e irme a estudiar fuera de
aquel lugar. Si, Paul Jr Coleman, mi padre. Quizás no les suene su nombre pero
allí, en Texas, es el rey de las vacas. Si, si. Por su jugosa carne, su rica
leche,… ¡Ag! Llevo tantos años viviendo con ello que creo que he empezado a
cogerle asco a la carne, a la leche, al queso,..., vamos a todo lo que provenga
de una vaca. Mi abuelo, tras su muerte, le dejó a mi padre, su único hijo
varón, todos sus terrenos. ¿Pueden creerlo? Sólo heredó tierras mi padre por ser
hombre, ya que, según mi neandertal abuelo: “Las mujeres no están hechas para
el campo, eso es cosa de hombres”. ¡Menudo idiota! Como veréis no era mi abuelo
favorito. Mis cinco tías heredaron las joyas de mi difunta abuela que sumaban
una gran cantidad de dólares. Ellas se dieron más que satisfechas a sabiendas
que mi padre era el mayor beneficiado de ello.
Mi padre se
parece al carcamal de mi abuelo. Sus dos hijos, mi hermano Derek y yo, somos el
orgullo de la familia y pronto heredaremos la granja y lo que de ella deriva,
es decir, la lechera y el matadero. A mi hermano eso le encanta, esta
predestinado para ello. Ha heredado los genes de de mi padre. A sus treinta y
dos años de edad es un hombre fuerte, con una larga melena castaña, serio y corpulento.
En cambio a mí
me aborrece el campo. No me gusta nada la vida en la granja. En eso me parezco
a mi madre. Ella era una hermosa cantante de country, Paige Campbell, que
soñaba con viajar por todos los estados y llevar su música a todos los pueblos.
Era, lo que se dice, un culo inquieto. Mi padre la conoció con diecisiete años,
en la fiesta tejana de la carne, cómo no. Ella tocaba con su grupo y mi padre
ayudaba a mi abuelo con la comida y al ir a pedir su porción de carne se vieron
y se enamoraron. Tres meses después se quedó embaraza de mi hermano Derek y, al
mes, se casaron, imagino que obligados por mi abuelo. Diez años después nací
yo. Cuando cumplí los siete años de edad mi madre murió de un maldito cáncer. Fue
algo muy duró que me costó mucho superar. Para ello, me metí de lleno en mis
estudios. Quería ser como ella: soñadora y luchadora.
Quince años
después de la tragedia, mi vida ha cambiado mucho. Cuando acabe en el instituto
tuve que ayudar a mi padre y a mi hermano en la granja a cambio de un costoso
jornal. No quería acabar ni allí ni así. Pase años de largas horas en la
biblioteca estudiando para obtener una beca e irme a alguna universidad extranjera
y así salir de Texas para no tener que dedicarme a pasear vacas, casarme joven
y atarme a Lubbock. Una noche, cenando, vi un reportaje sobre las universidades
europeas y me enamore. Se me salían los ojos de ver a los estudiantes en el
césped del campus tirados leyendo, la nieve, las fiestas… ¡todo! Sabía que ésa
sería mi meta y me destino. ¿Por qué Londres? Porque estaba al otro lado del
charco. Allí nadie me conocería y estaría a miles de kilómetros de casa.
Además, Europa es un continente con muchas y variadas culturas y quería
conocerlas todas. Vamos, también en mi elección influenció el idioma.
Con todas esas
cosas rondando por mi cabeza, trabaje muy duro hasta reunir el dinero suficiente
para irme a estudiar Derecho allí. Mi elección por estudiar esta carrera viene
de ya hace mucho tiempo atrás. Me gusta mucho estudiar y hacer que se cumplan
las normas, y como ser policía no se me pasa por la mente ya que se necesitan
cualidades físicas que no tengo, elegí las leyes.
Con el dinero
listo, me metí en Internet para ver universidades y dude entre Oxford y
Londres. Matriculado en la universidad, busqué piso y empecé a preparar las
maletas. Con todo listo, una mañana me arme de valor y se lo dije a mi padre y
a mi hermano.
-Papá, Derek. Me voy a estudiar Derecho
a la Universidad
de Londres. Ya he pagado las cuotas y me he buscado un piso en el centro de la
ciudad. Mi vuelo sale en tres días- dije soltándolo todo rápidamente.
Imaginaos la
situación: mi padre con un lazo de gruesa cuerda y, como mi hermano, con sus
tejanos y su gorro de cowboy en la finca, cerca de las vacas. Se quedó blanco,
pero reaccionó a los pocos minutos. Yo esperaba que me gritara pero no fue así.
Un “sí es lo que quieres” salió de su boca y se puso a lo suyo. Mi hermano
reaccionó como pensaba que lo haría mi padre:
-¿Derecho? ¿Londres? ¿Se puede saber
de donde has sacado esa estúpida idea? Aquí está tu hogar. Esta granja es
nuestro futuro hermanito- dijo
gritando y con cierta burla- No se quien cojones te habrá
metido esas ideas en el cabezón que tiene- Se ríe y se marcha con mi padre- ¿Londres?
Fue una
situación muy extraña. Espere varios días si mi padre reaccionaría a la idea de
que uno de sus hijos, el pequeño, se fuera a otro continente, a otro país, para
no seguir sus pasos. Pero hay veces que por mucho que esperas hay cosas que no
llegan nunca.
La noche de
ayer fue muy extraña. Yo llevaba años sin sacar muchos temas de conversación en
la mesa porque si no eran carne, vacas, peleas, coches o chicas no interesaba
el tema. Esa noche no fue diferente. Yo no dije nada pero si esperaba escuchar
alguna que otra cosa de mi marcha. No fue así. Mi padre no se creía que me iba
de verdad y, tras hablar del gran día en la granja, me encomendó alguna que
otra tarea para mañana. Le recordé mi viaje y se hizo odios sordos, no quería
verlo o no creía que en serio me fuera.
Pues ahora
estoy aquí. En la ciudad de Nueva York, bueno, en el aeropuerto, leyendo la
guía de Londres y esperando a que la encantadora azafata me diga que puedo
embarcar de una maldita vez rumbo a Londres. Es muy tarde y llegaré al
aeropuerto de Gatwick por la mañana, más o menos a las diez. Allí tomaré el
tren hasta la estación de Victoria y luego el metro hasta Oxford Circus. Cómo veis me he estudiado bien la ruta pero
¿quién no lo hace cuando va a un país que no conoce de nada?
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