lunes, 28 de marzo de 2016

EL TÉ DE LAS CINCO (2)


CAPITULO 2

Adiós Texas

17- Julio- 2014



En unas horas estaré volando a Londres. Creía que este día nunca llegaría, pero… ¡Ha llegado!



-Tranquilo Alex, tú puedes- me digo a mi mismo tomando aire.



Es algo que no puedo remediar. Si, tengo miedo a las alturas y las vistas que tengo delante de mí no ayudan. Ver aviones despegar y aterrizar cuando en un rato estarás en uno de ellos…. ¡Uy!

Estoy sentado en una amplia hilera de sillas del aeropuerto de la ciudad de Nueva York. ¿Menuda ciudad, eh? Hace unas horas que dejé atrás la estación de trenes de Lubbock, Texas, lugar donde nací, para dirigirme a estudiar derecho a Londres. Si, dejó mis amados Estados Unidos para adentrarme en la tradicional Inglaterra.



Llevo años trabajando en la granja de mi padre para ahorrar e irme a estudiar fuera de aquel lugar. Si, Paul Jr Coleman, mi padre. Quizás no les suene su nombre pero allí, en Texas, es el rey de las vacas. Si, si. Por su jugosa carne, su rica leche,… ¡Ag! Llevo tantos años viviendo con ello que creo que he empezado a cogerle asco a la carne, a la leche, al queso,..., vamos a todo lo que provenga de una vaca. Mi abuelo, tras su muerte, le dejó a mi padre, su único hijo varón, todos sus terrenos. ¿Pueden creerlo? Sólo heredó tierras mi padre por ser hombre, ya que, según mi neandertal abuelo: “Las mujeres no están hechas para el campo, eso es cosa de hombres”. ¡Menudo idiota! Como veréis no era mi abuelo favorito. Mis cinco tías heredaron las joyas de mi difunta abuela que sumaban una gran cantidad de dólares. Ellas se dieron más que satisfechas a sabiendas que mi padre era el mayor beneficiado de ello.



Mi padre se parece al carcamal de mi abuelo. Sus dos hijos, mi hermano Derek y yo, somos el orgullo de la familia y pronto heredaremos la granja y lo que de ella deriva, es decir, la lechera y el matadero. A mi hermano eso le encanta, esta predestinado para ello. Ha heredado los genes de de mi padre. A sus treinta y dos años de edad es un hombre fuerte, con una larga melena castaña, serio y corpulento.



En cambio a mí me aborrece el campo. No me gusta nada la vida en la granja. En eso me parezco a mi madre. Ella era una hermosa cantante de country, Paige Campbell, que soñaba con viajar por todos los estados y llevar su música a todos los pueblos. Era, lo que se dice, un culo inquieto. Mi padre la conoció con diecisiete años, en la fiesta tejana de la carne, cómo no. Ella tocaba con su grupo y mi padre ayudaba a mi abuelo con la comida y al ir a pedir su porción de carne se vieron y se enamoraron. Tres meses después se quedó embaraza de mi hermano Derek y, al mes, se casaron, imagino que obligados por mi abuelo. Diez años después nací yo. Cuando cumplí los siete años de edad mi madre murió de un maldito cáncer. Fue algo muy duró que me costó mucho superar. Para ello, me metí de lleno en mis estudios. Quería ser como ella: soñadora y luchadora.



Quince años después de la tragedia, mi vida ha cambiado mucho. Cuando acabe en el instituto tuve que ayudar a mi padre y a mi hermano en la granja a cambio de un costoso jornal. No quería acabar ni allí ni así. Pase años de largas horas en la biblioteca estudiando para obtener una beca e irme a alguna universidad extranjera y así salir de Texas para no tener que dedicarme a pasear vacas, casarme joven y atarme a Lubbock. Una noche, cenando, vi un reportaje sobre las universidades europeas y me enamore. Se me salían los ojos de ver a los estudiantes en el césped del campus tirados leyendo, la nieve, las fiestas… ¡todo! Sabía que ésa sería mi meta y me destino. ¿Por qué Londres? Porque estaba al otro lado del charco. Allí nadie me conocería y estaría a miles de kilómetros de casa. Además, Europa es un continente con muchas y variadas culturas y quería conocerlas todas. Vamos, también en mi elección influenció el idioma.



Con todas esas cosas rondando por mi cabeza, trabaje muy duro hasta reunir el dinero suficiente para irme a estudiar Derecho allí. Mi elección por estudiar esta carrera viene de ya hace mucho tiempo atrás. Me gusta mucho estudiar y hacer que se cumplan las normas, y como ser policía no se me pasa por la mente ya que se necesitan cualidades físicas que no tengo, elegí las leyes.



Con el dinero listo, me metí en Internet para ver universidades y dude entre Oxford y Londres. Matriculado en la universidad, busqué piso y empecé a preparar las maletas. Con todo listo, una mañana me arme de valor y se lo dije a mi padre y a mi hermano.



            -Papá, Derek. Me voy a estudiar Derecho a la Universidad de Londres. Ya he pagado las cuotas y me he buscado un piso en el centro de la ciudad. Mi vuelo sale en tres días- dije soltándolo todo rápidamente. 



Imaginaos la situación: mi padre con un lazo de gruesa cuerda y, como mi hermano, con sus tejanos y su gorro de cowboy en la finca, cerca de las vacas. Se quedó blanco, pero reaccionó a los pocos minutos. Yo esperaba que me gritara pero no fue así. Un “sí es lo que quieres” salió de su boca y se puso a lo suyo. Mi hermano reaccionó como pensaba que lo haría mi padre:



            -¿Derecho? ¿Londres? ¿Se puede saber de donde has sacado esa estúpida idea? Aquí está tu hogar. Esta granja es nuestro futuro hermanito- dijo gritando y con cierta burla- No se quien cojones te habrá metido esas ideas en el cabezón que tiene- Se ríe y se marcha con mi padre- ¿Londres?



Fue una situación muy extraña. Espere varios días si mi padre reaccionaría a la idea de que uno de sus hijos, el pequeño, se fuera a otro continente, a otro país, para no seguir sus pasos. Pero hay veces que por mucho que esperas hay cosas que no llegan nunca.



La noche de ayer fue muy extraña. Yo llevaba años sin sacar muchos temas de conversación en la mesa porque si no eran carne, vacas, peleas, coches o chicas no interesaba el tema. Esa noche no fue diferente. Yo no dije nada pero si esperaba escuchar alguna que otra cosa de mi marcha. No fue así. Mi padre no se creía que me iba de verdad y, tras hablar del gran día en la granja, me encomendó alguna que otra tarea para mañana. Le recordé mi viaje y se hizo odios sordos, no quería verlo o no creía que en serio me fuera.



Pues ahora estoy aquí. En la ciudad de Nueva York, bueno, en el aeropuerto, leyendo la guía de Londres y esperando a que la encantadora azafata me diga que puedo embarcar de una maldita vez rumbo a Londres. Es muy tarde y llegaré al aeropuerto de Gatwick por la mañana, más o menos a las diez. Allí tomaré el tren hasta la estación de Victoria y luego el metro hasta Oxford Circus.  Cómo veis me he estudiado bien la ruta pero ¿quién no lo hace cuando va a un país que no conoce de nada?










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