Hoy me gustaría hablar de los caminos, aquellos que te llevan a sitios o momentos que no esperabas. La vida es como un árbol de caminos que de una rama sale otra y así, y puede que alguna sea más larga, más ancha o tenga fin.
Por ejemplo podemos decirse que el tronco es el camino que marca nuestra infancia. Es un único camino, recto que nos marcan nuestros padres. Es cuando crecemos, cuando se nos abren nuevos caminos: las ramificaciones (vamos las ramas). Ahí ya empezamos a elegir, a decidir por donde vamos a ir. Entonces tomamos una dirección. Esta nunca es recta, ni lisa ni llama ya que se corresponde a los primeros caminos que emprendemos, muchas veces solos. Es pues cuando, de una rama, nace otra. No significa que nos desviemos si no que aparecen nuevas personas, nuevos sentimientos, nuevos trabajos,…, cosas que se suman a tu camino y por las cuales puedes cambiarlo. Y es cuando llegas al final, cuando no hay marcha atrás.
Escribiendo esto me vienen a la mente varios caminos. Si, pueden ser de películas, pero me gustaría compartirlo con vosotros.
Seguro que recordáis el camino de baldosas amarillas de “El Mago de Oz”. No creáis, que era amarillo para que la gente lo viera y no se perdiera. Vamos, que hasta un ciego lo vería y ya no digo nada si te pierdes. Era un camino hacia una dirección concreta: Casa de Oz. Además el color ayuda a eso de cantar y bailar, sino miren a los protagonistas, más felices ellos. El amarillo irradia energía. ¡¡Pongan un camino de baldosas amarillas en su vida!! Eso es otro factor importante: baldosas, que nada de arenilla como por los que tuvo que ir Frodo Bolsón para destruir el anillo. Además de largos, de arenilla. ¡¡E iban descalzos!! Para que luego se queje Dorothy por mancharse los zapatos rojos mágicos.
Más contento debía estar Homer Simpson cuando descubrió ese camino dulce que le llevaba a la ciudad del chocolate donde todo se podía comer. Vamos, que en vez de ir andando por el camino podría ir comiendo o, como dice la expresión, “chupando el suelo”.
A mí los caminos que me encantan, y a la gente les aterra, son los caminos de Tim Burton, esos que van por medio de bosques encantados y acompañados de niebla/humo. Los que lo caminan por ahí saben que nada bueno va a pasar, que como mínimo te llevas un buen susto, pero aún con esas la gente los trascurre. Pero son bonitos y sube la adrenalina (“¡Qué pasará, qué misterio habrá!”)
Tontos son los que usan el camino para ir a Nottingham por medio del Bosque de Sherwood. Todos saben que a los ricos les roban si pasan por ahí. El primero tuvo que hacerse eco de ello y avisar para que no entren en él. ¡Pues no! Creo que al primer rico que robaron se quejó al Rey, el cual pasó de él, y dijo “Si a mí me han robado, no voy a ser el único”.
Los caminos esconden algo y luego en ellos siempre conoces gente. Mirad el Camino de Santiago. Sufres, si, y mucho, pero ¿y la gente que conoces? Merece la pena, tanto para los que son creyentes como para los que quieren vivir esa experiencia.
Todos hemos escuchado o leído la frase “Todos los caminos llevan a Roma” por lo que muchos nos preguntamos “¿Y cómo se sale de Roma?” Entonces me paro a pensar en lo que he escrito y pienso pues que Dorothy, los personajes de Tim Burton, los ricos de Nottingham, los del Camino de Santiago… ¡¡acabaron todos juntos en Roma!!
¡¡Ahí lo dejo!!



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