Mañana quiero hacer un experimento y os pondré una entrada de cine: este capítulo en versión guión cinematográfico. Podreis darme vuestras ideas....
CAPITULO
1
Hoy
empieza una nueva vida
15-
Julio- 2014
Jamás me
imagine que un día dejaría mi grandiosa y fabulosa casa. Suena mal decirlo así,
pero lo cierto es que es verdad. Hacia un par de años atrás que deje de
sentirla como mía. A mis padres siempre les ha gustado aparentar, por lo que
nuestra casa se había convertido en un museo de coleccionistas donde ‘se ve
pero no se toca’. Vamos que yo era lo que sobraba allí y me acabe por dar
cuenta así de cómo la gente de la que estaba rodeado.
Hace una
semana, a mi madre, Amelia
Blair, se le antojó comprar una estatua de un escultor italiano llamado
Antonio Cánova. Se gasto una gran suma de dinero en algo que no sabría explicar
exactamente de qué es pero a ellos no les importa malgastarlo. Como podréis ver
no soy muy aficionado a este tipo de arte y más desde que mis padres se
volvieron ‘arteadictos’,
algo que se ha puesto de moda en los últimos años entre la clase adinerada del municipio de St John’s Wood,
Londres.
Para que os hagáis una idea: Cada casa de esta lujosa zona
residencial vale millones de euros, por no decir libras. Imaginaos los dueños
de cada casa: snobs que solo piensan en ellos y que, para disfrutar de su
dinero y de sus fiestas, mandan a sus hijos a internados de lujo donde les
enseñen a ser como ellos. Y lo alucinante es que esos jóvenes se convierten en
la misma imagen que sus padres aunque peor, ya que están resentidos del trato
que recibieron por parte de estos. Imaginaos cada generación.
Es eso lo que hicieron mis padres conmigo aunque les salieron más
sus planes ya que sus ideales sobre mi futuro nunca vieron su fruto en mi
persona. Es cierto que he crecido en el seno de una familia adinerada y que,
por eso, nunca me ha faltado de nada. Bueno algo así. Mis padres. Cuando era
más pequeño no me daba cuenta de la situación que se vivía en mi casa. Mis
padres me compraban regalos con los que mantenerme calladito y por entonces con
eso me valía para llenar su vacio. Ellos siempre estaban en fiestas y de viajes
bien lejos de casa por lo que no tenían tiempo para estar conmigo y gastaban su
dinero en pagar a viejas
niñeras que me tuvieran entretenido durante todos lo años de mi infancia.
Claro, entretenido con todo lo que me compraban, que tonto no era. Con los años
pedía más y más y a ellos por una sonrisa mía les daba igual lo que pidiese.
Ahora con veinticinco años he vuelto del mundo de fantasía al
mundo real, si se cual es ese mundo. No aguanto a mis padres. Sí. Suena brusco
decir esto pero es así. Cuando más les he necesitado en la vida jamás han
estado y ahora, que por fin soy mayor para tomar mis propias decisiones, me lo
prohíben y esto supone enredamos en discusión tras discusión en las que siempre
acabo mal parado. Normal, dos contra uno. Así llevamos tres duros y largos años.
Pero todo tiene un límite. El mío llego el domingo, durante la típica cena ‘familiar’. No
pude contenerme más y exploté. Tenía tanto acumulado dentro que no dudé en decirles
todo lo que sentía, y algunas cuantas cosas más. Ante mi reacción, sir Evan Blair, mi señor padre,
no dudo en restregarme la vida que había llevado todos estos años de
universidad.
-Entraste en Cambridge porque era lo que querías- miente, estudie allí
porque él estudio allí- Querías irte a vivir con tus
amigos a un colegio mayor que te recuerdo que era el más caro- en eso no se equivoca
porque ya que gastaba por algo que no quería….- No te perdías ni una fiesta y te
emborrachabas a menudo- mis amigos me ayudaban en ello y, por esos días, me
apetecía evadirme de mi vida- Y encima que acabas la
carrera con ayuda…- a eso se refiere a que pagó a mis profesores para que me
aprobaran, vamos volvemos al tema del dinero-… me
vienes con estas.
Tras estas palabras, y algunas menos finas más, mi padre, siempre
tan orgulloso, no dudo en echarme de ‘su casa’. Y como el orgullo es algo que
he heredado de él me levante de la mesa y me fui a mi habitación. Tras un
portazo empecé a buscar piso en el centro de Londres e irme de “La casa de los
señores Blair”. Al principio la idea me freno porque he de reconocer que no se
valerme por mi mismo. Qué queréis que os diga, lo he mamado desde pequeño.
Tras unas horas de dudar de mis independentistas opiniones sobre
mi futuro, me vino a la mente el dinero que por suerte o desgracia tengo y volví
a mi firme idea de “Goodbye dad”. Tras tres días encerrado en mi habitación,
buscando un lugar donde empezar una nueva vida sólo y sin compromisos, hoy cojo
mis maletas, mi guitarra y me voy a vivir a la capital del Reino Unido donde
empezar de nuevo, donde dejar de ser el hijo de papá, cosa que nunca he sido; y
ser Ethan Blair.
O sólo Ethan, el apellido me sobra.
Cuando ya tengo todas las maletas en la puerta de entrada, me giro
para echar un último vistazo a la casa donde crecí. Como es de esperar no veo a
mis padres. Seguro que se han ido a jugar al polo o a alguna reunión con sus
adorables e inseparables “amigos”, esos que hablan a sus espaldas sin decir
nada bueno de ellos.
¡Me da igual! Meto mis maletas en el taxi que me espera en la
puerta y tengo que reconocer que, una vez meto la última y el taxista cierra el
maletero, no puedo evitar mirar hacia atrás con algo de pena. Mis padres no han
sido capaces de detenerme, de decirme que me quede, que fue un arrebato y que les
perdone. Como veis no he dicho nada de ‘que me quieren’. Así es la vida. Yo
tengo dinero pero no amor y cariño y ¿de qué me sirve? En estos momentos de
poco, para subirme a ese taxi negro que me llevará a empezar una nueva vida en Carnaby Street y cambiar así lo que he sido hasta hace poco. No sé
por dónde queda esa zona de la ciudad exactamente pero al tratarse de mi nueva
residencia seguro que es sensacional y mejor que lo que ahora dejo atrás.
Tras un rato de viaje, viendo partes de la ciudad que nunca había
visto, llego a mi destino. Me sorprende ver que a la entrada de mi nuevo barrio
hay un letrero que da la bienvenida a Carnaby Street. ¿Qué majos parecen por aquí, no?
Como es una zona peatonal, el taxista me deja en la entrada. De
haberlo sabido antes me habría triado a alguien para que me ayudara con todo
esto pero ¿a quién? Por suerte, el portal de la casa está cerca y he quedado
con el casero allí para que me enseñe el piso y me entregue las llaves. En el
portal hay un hombre fumándose un cigarrillo en la puerta. Me mira y apura el
cigarrillo antes de acercarse a mí.
-¿Es usted el señorito Blair?-me pregunta.
-Sí, pero si no le importa preferiría que me
llamase Ethan-contesto al instante. No me gusta que me llamen por el apellido, me
hace sentir mayor y dependiente.
-Llevo un rato esperándole. Soy Bob, su casero-me
estrecha la mano- Aunque he de decir que se ha retrasado- me señala el reloj de oro
que lleva en su mano derecha-. Déjeme que le ayude a
subir las maletas y le enseño el apartamento- se acerca amablemente y me recoge del
suelo dos maletas marrones.
Bob no se parece en nada a la gente con la que solía tratar a
menudo en St John’s Wood.
Alguna vez que otra he salido con mis amigos de fiesta por algunos pubs del
centro por cambiar de aires y nos hemos topado con gente como Bob. No penséis
mal de mí. Con esto me refiero a un tío agradable y humano.
Mientras subimos por las escaleras al último piso, me doy cuenta
de que Bob está casado. Lleva una alianza en su mano izquierda. Además viste
con ropa de lo que solemos catalogar como ‘ropa de padres’: una blusa de manga
corta bien planchada por su mujer, unos pantalones largos pero veraniegos con
los bajos bien metidos y unas sandalias con calcetines. A juzgar por su
apariencia y el calor del verano, pienso que los pantalones se los ha puesto
para recibirme. Imagino que iría con unos pantalones cortos, propios de la
estación.
Una vez llegamos a la puerta, Bob la abre y entramos. El
apartamento es mejor de lo que me esperaba, y de lo que se veía por Internet.
Nada más abrir la puerta hay un inmenso salón con unas ventanas acristalas
enormes que dejan entrar la claridad del día soleado. Las paredes son de color
crema. La cocina está integrada en el salón separada por una barra. Me
sorprende ver que hay una nevera, cocina y lavadora. Es pequeña, como la cuarta
parte del salón. A mi derecha, a la mitad del salón, hay una puerta que conduce
a las habitaciones. Hay cuatro dormitorios. Entro en el primero de ellos, justo
a la izquierda. Las paredes están pintadas de verde clarito. Me encanta ese
color. La habitación es grande para una persona y para una cama familiar. Tiene
un armario empotrado lo que hace más espaciosa la instancia. Por una ventana
que da a la calle principal entra bastante luz, adecuada para poder estudiar.
Está decidido, este será mi cuarto. Las otras habitaciones tienen el mismo
aspecto salvo que las paredes son blancas, dos de ellas dan a un patio interior
y la otra a la calle. Dos están pegadas al cuarto de baño y la mía y la de
enfrente al salón. Dudo en si cambiarme a una de ellas pero al tirar de la
cisterna cuando entro al baño para verlo, el ruido del agua me molesta y soy de
los que se despiertan con el mínimo ruido. El baño es considerablemente amplio.
Tiene una ducha espaciosa, un váter y dos lavabos bajo un espejo grande.
-¿Qué? ¿Le gusta la casa?-me dice Bob ante mi cara
de asombro.
Asiento con la cabeza.
-Pues aún no ha visto todo- me dice mientras se dirige
al otro lado del salón donde hay una puerta.-Aquí
tiene otro baño, ve-abre la puerta- Mi mujer y
las niñas siempre acaparaban el grande y decidí hacer otro para tener mi
espacio básico. Además si van a vivir chicas aquí lo agradecerá-se ríe.
¿Chicas? No me había parado a pensar en compañeros de piso y menos
en chicas. Es algo que se me escapó de la mente y, ante las dimensiones de la
casa, no vendría mal buscar inquilinos que ayuden con los gastos de alquiler.
Así también conocería a gente nueva y totalmente diferente a lo que estaba
acostumbrado.
-¡Me la quedo!-digo con total convencimiento
Bob sonríe y me entrega las llaves. Me estrecha la mano.
-El alquiler vengo a buscarlo el último viernes de
cada mes. Si tenéis alguna avería o veis que falla algo, por favor, llamadme,
no lo hagáis solos o lo demoréis porque el daño puede ser mayor. Mucha suerte y…
¡bienvenido!-se despide, se va y cierra la puerta.
Estoy solo en mi nueva casa y estoy… ¡feliz! Por fin sin mis
padres. La emoción me recorre por el cuerpo y me tiraría en el sofá, si lo
hubiera. ¡Mierda! La casa
no está amueblada, salvo por la cocina y los baños. Rápidamente busco en
mi cartera la Visa Oro.
Ahí está. Muchos años desaprovechada y ahora toca darla de sí y sin
remordimiento alguno. Pero no me gusta nada ir
de compras aunque se de alguien que sí. Cojo el Iphone y llamo a Marta. Marta es la chica ideal. No somos novios
pero como si lo fuéramos ya que los dos sentimos una atracción muy fuerte por
el otro, pero no queremos compromisos. Siempre hemos ido al mismo instituto y
es un cañón de chica aunque es algo presumida. A ella le encantan las compras
por lo que sé que no dudará en ayudarme. ¿Qué chica se resistiría a una Visa
Oro?
-Hola guapa. ¿Qué haces? Me acabo de mudar por fin y me he dado
cuenta de que no tengo muebles en la nueva casa y he pensado que te gustaría
ayudarme y…. –sonrió, viene
a ayudarme- Te espero en una hora. Tráete una botella
de vino y lo celebremos. Hasta ahora guapa.
No iba a
perder la oportunidad de pasar una noche con ella. Le devolvería el favor.
Ahora vivo sólo y no tengo que dar explicaciones a nadie. ¡Sólo! En ese momento
me viene a la mente la idea de compartir piso. Tengo tres habitaciones de más y
la idea de conocer a gente nueva me gusta muchísimo por eso no dudo en coger mi
mochila y sacar el Mac para la búsqueda. Existe entre toda las universidades de Londres una
especie de blog donde los alumnos pueden colgar anuncios de todo tipo.
Alguna vez he visto que se buscaban libros, apuntes o compañeros de piso por lo
que me dispongo a poner mi primer anuncio y dar uso al blog.
“Estudiante busca tres compañeros de piso. No importa la edad ni
el sexo. Los pagos se harán a partes iguales y la comida correrá del bolsillo
de cada uno. La casa está situada en Carnaby Street. Se trata de un último piso amueblado y con mucha
luz. Está bien comunicado ya que se encuentra cerca de la para de metro de Oxford
Circus. Interesados llamad al 638 8175 0202.
Mi nombre es Ethan”
La verdad que
se me da bien vender cosas por lo que no tardó en escoger las palabras
adecuadas y justas. Una vez le doy a publicar y reviso que esté en el tablón,
llevo las maletas a mi cuarto, la primera habitación del pasillo a la
izquierda. Cojo unos pantalones vaqueros, una camiseta, ropa interior limpia y
me voy directo a darme una buena ducha. Tras un largo día donde he dejado atrás
todo en mi vida, me merezco un momento de relax para mí. Además, Marta estará
aquí en un rato y tengo que estar presentable.
Cuando salgo
de la ducha, bien arreglado y limpio, me dirijo al salón donde he dejado el Mac encendido. Me siento
en el suelo y un impulso cotilla me hace ver que ya han visto mi anuncio
treinta siete personas. No esta mal para los primero treinta minutos. Apago el
Mac y veo mi guitarra metida en su funda. Mis padres me la regalaron en un
viaje que hicimos entre varias familias del club de polo cuando tenía quince
años. Menudos tiempos aquellos. Tenían algo de tiempo para mí, aunque fuera
compartido con ‘extraños’. La
guitarra fue el mejor regalo que me han hecho en la vida. En mis
momentos de soledad, muchos, me gusta tocar. Ahora es un momento especial por
lo que pongo a improvisar algunas letras que no suenan nada mal. Al rato, llaman
al telefonillo. Será Marta. Dejo la guitarra apoyada en la pared y me apresuro
a abrir.
-¿Sí? Hola preciosa. Sube.-abro la puerta feliz ya que esto empieza a marchar.
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